JAROS?AW KURSKI "UNA NACI??N ORGULLOSA A LA ESPERA DE CHORIZO"
UNA NACI??N ORGULLOSA A LA ESPERA DE CHORIZO
Jaros??aw Kurski
Director adjunto del diario ??Gazeta Wyborcza?
No es posible hablar de la ??broche polaco? en la historia del siglo XX de Europa, de los a??os 1939-1989, sin mencionar el nombre de Gda??sk. Como una gota de agua re??ne en s? toda la riqueza del oc?ano, en Gda??sk se entremezclan los diferentes temas sin los cuales resulta imposible comprender la historia que ??se desencaden???.
Tengo el privilegio excepcional de haber nacido y crecido en Gda??sk.
Pero antes de que fuera capaz de comprender la singularidad del lugar que habitaba y de luchar por la independencia seg??n mi concepci??n de la historia, como ni??o fui v?ctima de la pol?tica hist??rica comunista. Desde aquel entonces la multiplicaci??n de los conceptos pol?tica e historia me produce escalofr?os.
Recuerdo las excursiones escolares a Westerplatte, los solemnes juramentos junto al monumento de sus h?roes, pero tambi?n la visita a los b??nkeres, que encend?a nuestra imaginaci??n infantil. El comandante Henryk Sucharski era para nosotros un h?roe de las dimensiones casi de Hans Kloss, protagonista de la serie ??Una apuesta mayor que la vida?, o de Janek Kos, de la serie ??Cuatro acorazados y un perro?. Seg??n la pol?tica hist??rica de la ?poca, Gda??sk hab?a sido siempre una ciudad polaca y el mundo de dos colores, blanco y negro. Los polacos se hab?an enfrentado a la invasi??n teut??nica, con la Marca de Brandeburgo, a los cruzados, a los prusos, a Ulrich von Jungingen, a Bismarck y a Hitler. Se sab?a qui?n era el bueno y qui?n el malo.
Los lugares como la oficina de Correos de Polonia, el campo de concentraci??n de Stutthof, o Pia??nica, lugar de la matanza de miles de representantes de la ?lite intelectual de la regi??n de Pomorze, empezaron a adquirir significado para m?, con todo su aspecto tr??gico, s??lo a partir del momento en que siendo ya un joven consegu? liberarme del m?todo did??ctico propagand?stico del colegio, que encajonaba al ciudadano polaco en s??lo dos papeles posibles: el de h?roe o el de v?ctima.
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M??s tarde comenz?? influir otro factor: el entorno misterioso, la herencia material, incompatibles con la nueva poblaci??n eslava que habitaba Gda??sk. Una extra??a confusi??n de la historia del siglo XX del lugar, del tiempo y de las personas.
Y es que el agua del apartamento la calentaba un excelente hornillo de marca Junkers, y las llaves de paso de grifos y de radiadores ven?an marcadas por las expresiones kalt/warm, vac?as de sentido. La llave de la puerta la introduc?a en una cerradura alemana, y en el buz??n de correos, no se sab?a por qu?, pon?a Briefe.
Poco despu?s del fin de la guerra se instal?? en el bajo de nuestro edificio un emigrado de la zona m??s all?? del r?o Bug, que criaba cerdos en la ba??era (probablemente no sab?a para qu? serv?a ?sta) y por la ma??ana bajaba por las escaleras un caballo (un escal??n ha permanecido roto hasta hoy) para que descansara y pastase en el jard?n. El caballo castrado pisaba la tumba de un comandante de las SS que justo antes de la llegada de los rusos cometi?? suicidio. Pero antes mat?? a toda su familia.
Con tener los ojos bien abiertos era suficiente para ver que el car??cter ?tnico polaco de Gda??sk databa del a??o 1945. Cuando todav?a se estaba defendiendo la vecina pen?nsula de Hel, una multitud exaltada de ciudadanos de Gda??sk recib?a a Adolf Hitler en la calle principal.
Seis a??os m??s tarde los rusos pusieron fin a Gda??sk como ciudad alemana. Cientos de miles de exiliados alemanes se desplazaron al oeste y un submarino sovi?tico hundi?? el buque ??Wilhelm Gustloff?, mandando al fondo del mar a unas nueve mil personas.
Las emigraciones forzosas de poblaci??n se convirtieron en un trauma para aquellos polacos y alemanes que sobrevivieron a la guerra. Los alemanes, no queriendo a veces recordar la propia responsabilidad, hablan de una ??expulsi??n?. Nosotros, de una repatriaci??n obligada, pese a no haber sido responsables de nada.
Yo soy un fruto de la expulsi??n. Nacido en el antiguo hospital alem??n de Polanki, en Oliwa, me instal? en un barrio descrito por G??nter Grass en ??El tambor de hojalata?, que se llamaba Langfuhr antes de la guerra y ahora lleva el nombre de Wrzeszcz. Soy hijo de unos padres desplazados a la fuerza de la zona de Lviv y de la Varsovia de despu?s del alzamiento, y que creci?? en un apartamento que hab?an dejado tras de s? los alemanes expulsados.
La excusa para la guerra de 1939 fue Gda??sk. Tambi?n ha implantado la idea de que la II Guerra Mundial estall?? en Gda??sk. El Blitzkrieg (la guerra rel??mpago) llevada a cabo en Polonia fue el primer triunfo militar de Hitler. Fue tambi?n el anuncio de su derrota, aunque nadie lo sab?a por aquel entonces. Europa se preparaba para la guerra, y la victoria sobre el totalitarismo nazi cost?? muchos a??os de lucha y una hecatombe de v?ctimas sin precedente en la historia.
Cuando nac? en 1963 nada hac?a prever que Gda??sk, colonizado por habitantes de Pomorze, por cachubos, por emigrantes de m??s all?? del r?o Bug y del centro de Polonia, iba a convertirse en el lugar donde se iniciar?a el segundo proceso: la deconstrucci??n, esta vez sin derramamiento de sangre, del otro totalitarismo, el comunista. Si resulta posible explicar hist??ricamente el papel de Gda??sk en el a??o 1939, en este segundo caso podemos hablar tan s??lo de un verdadero milagro.
Gda??sk era en realidad una ciudad de provincias de car??cter portuario y proletario, si exceptuamos el breve periodo tras los acontecimientos de octubre del 56. Zui?n iba a esperarse que por segunda vez en unos cuantos decenios, en agosto de 1980, el viento de la historia fuera a soplar de nuevo justo en la costa de Gda??sk?
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Espero que este ensayo, que me pidi?? que escribiera el Centro Nacional de Cultura, no sea una prolongaci??n de la visi??n heroica de las batallas de la naci??n polaca. Su director, Krzysztof Dudek, escribe acerca de ??la orgullosa resistencia de la naci??n polaca frente a las fuerzas que la destruyeron? durante el periodo 1939-1989. Unas palabras bellas y exaltadas, pero cu??nto hay de verdad en ellas? Cu??nto hay de did??ctica oficial? Cu??nto de pura mitolog?a?
Se puede hablar de la orgullosa resistencia de la naci??n polaca frente a las fuerzas que la destruyeron? Cuanto m??s tiempo vivo, m??s dudas me entran al respecto y llego al triste convencimiento de que la naci??n como conjunto lo que quiso siempre fue sobre todo sobrevivir. As? ocurri?? durante la ocupaci??n alemana y as? fue durante la Rep??blica Popular de Polonia, y en realidad as? ha sido siempre.
???Soldados! En medio de la general pasividad de nuestra sociedad los acontecimientos hist??ricos han sorprendido a los polacos (...). Ha sido necesario que los m??s atrevidos y decididos cargaran con la responsabilidad, con la iniciativa para encender la mecha?, escribi?? en Kielce el 22 de agosto de 1914 J??zef Pi??sudski en el discurso a sus legionarios.
Como sabemos, la mecha prendi?? pero la explosi??n no se produjo. Cuando la Primera Brigada entr?? en Kielce, sus habitantes cerraron las contraventanas y echaron el cerrojo a las puertas.
De ah? las amargas palabras de la marcha de la Primera Brigada: ??Vertimos nuestra sangre solitarios?. O tambi?n: ??Se terminaron los d?as de llamar a vuestras puertas / Para pediros vuestros corazones, para pediros vuestras posesiones?.
Pi??sudski escribi?? sobre sus legionarios que ??nuestras armas eran pocas, no eran dignas de una naci??n de veinte millones de personas?, que ??la naci??n no nos apoyaba porque no ten?a el valor de mirar a los grandes acontecimientos a la cara?.
Pi??sudski sab?a lo que era la soledad del soldado cuando con una orden especial concedi?? autorizaci??n de combate a los insurgentes de enero. En el palacio de Belwedere, el 21 de enero de 1919 escribi??: ??caminaban (...) armados con escopetas de caza y hoces hacia los ca??ones y los fusiles. Combatieron durante un a??o, dejando bien alto el ideal inalcanzable de fervor como soldados, de esp?ritu de abnegaci??n y de resistencia en la lucha desigual (...). Perdieron la guerra y tras su derrota la entrega comenz?? a incrustarse en el alma de los polacos, convirti?ndolos en esclavos no a la fuerza, sino casi por voluntad propia, buscando una mejora de su destino a trav?s de la protecci??n de sus se??ores en la repartici??n de Polonia y de los extranjeros. Como soldados y defensores de la Patria, fueron apartados por sus contempor??neos a un alejado rinc??n, como de algo que debemos olvidar?.
En 1919 Pi??sudski no ten?a intenci??n de confortar los corazones polacos y llenar de color e idealizar la lucha por la libertad, a la manera del escritor Sienkiewicz. Hablaba con la lengua del escritor ??eromski, con la lengua de las im??genes de la obra ??Nos despedazar??n los cuervos y las cornejas?, en la que un campesino polaco despelleja el cad??ver de un insurgente de la rebeli??n de enero de 1863. Pi??sudski no quer?a que las heridas polacas cicatrizaran gracias a la vileza. Sol?a decir que a veces se puede hacer algo para los polacos, pero con los polacos nada, y que los polacos son ??salchichas, necios y un reba??o de ovejas?.
No resulta sorprendente que el curso de la historia fuera alterado por individuos concretos, que las ?lites lucharan pero que la naci??n se adaptara a las exigencias de cada momento. El pueblo no arriesg??, tuvo cuidado y en cierto sentido actu?? de manera racional, puesto que conserv?? su esencia, logr?? sobrevivir y cuid?? de que hubiera continuidad en las sucesivas generaciones.
No encuentro ninguna raz??n para reprobarlo. Pero, es eso resistencia orgullosa? No, no es resistencia orgullosa, es oportunismo inteligente.
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Unas semanas antes de la muerte de Jan Nowak-Jeziora??ski habl? con ?l de la ocupaci??n y de los dos mundos que fueron separados por los alemanes: el polaco y el jud?o. El punto de partida fue la estremecedora escena del juicio de Leszno que ?l describi?? en el ??Correo de Varsovia?. Hac?a bochorno, as? que las ventanas que daban al gueto estaban abiertas. En esos momentos los alemanes estaban preparando la siguiente partida de personas destinadas al campo de Treblinka. Se o?an los gritos animales de los exaltados soldados de las SS: Los, los, aber schnell!, los silbidos de los l??tigos cortos, los disparos de los fusiles ametralladores, los gemidos y el llanto de la gente. En la sala de juicios de la parte aria se llevaba a cabo el procedimiento judicial por el robo de un saco de trigo.
- Recuerda el ambiente del tranv?a que atravesaba el barrio jud?o en direcci??n al cementerio de Pow?zki? Tras las ventanas, en las aceras, hab?a cad??veres. Eran sobre todo de v?ctimas del hambre y del tifus. A los muertos los recog?a dos veces al d?a la Empresa Municipal de Limpieza como si se tratara de basura. Qu? dec?an los otros pasajeros? C??mo se comportaban? ?? le pregunt? al corresponsal del ??Correo de Varsovia?.
- Con indiferencia. Usted no lo entiende, pero yo s? lo entiendo parcialmente. En aquel entonces cada uno se preocupaba s??lo de salvarse y de salvar a los suyos. La amenaza era general. Se dec?a: ??Los jud?os hoy, nosotros ma??ana?. Este espantoso lema era el que predominaba. S??lo en el contexto de un ambiente as? se puede entender esa indiferencia.
Un fen??meno heroico nacional con el que me identifico es sin duda el Gobierno Polaco Clandestino, el Ej?rcito Nacional, una especie de contrato no escrito de gran parte de la sociedad contra el ocupante, de solidaridad contra la represi??n que sin embargo ten?a l?mites distintos dependiendo del individuo concreto.
Los primeros d?as de la Resurrecci??n de Varsovia fueron de euforia nacional. El intelectual y el obrero levantaban juntos las barricadas. M??s tarde las memorias de los soldados recordar?an los insultos que la poblaci??n civil de Varsovia dedicaba a los insurgentes. La naci??n no es heroica, aunque en ocasiones s? lo es, y el recuerdo tr??gico de la v?ctima la hace abstenerse de las locuras rom??nticas como la de octubre del 56.
No debe escandalizarnos que suelan producirse situaciones como la de que entre el mill??n de personas que vitoreaban a W??adys??aw Gomu??ka en la plaza varsoviana de Defilag, muchas de ellas, menos de 12 a??os m??s tarde, participaran en los m?tines organizados en los lugares de trabajo, y que ten?an por lema ??Los sionistas a Si??n?. La purga antisemita era dirigida desde arriba, pero con cierto consentimiento de los de abajo. Los m?tines de condena eran convocados por el aparato del partido, pero el ostracismo social con el que se topaba la gente que se acababa de enterar de que hab?an entrado a formar parte de la categor?a de jud?os no pudo ser organizado desde arriba. Fue espont??neo. Algunos iban a la Estaci??n de Gda??sk para acompa??ar a los amigos que se marchaban con un billete s??lo de ida; otros cruzaban a la otra acera para no tener problemas.
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Vuelvo a mi Gda??sk originario. Cuando ten?a siete a??os empec? a disfrutar del privilegio del lugar en el que viv?a. Primero fue diciembre del 70. Disparos en las calles, toque de queda y el exaltado comit? del partido de la provincia. Mi padre me ense???? los escombros humeantes de un edifico que hab?a sido incendiado por los trabajadores de los astilleros.
El remedio a la apat?a tras la revuelta social sofocada tuvo que ser el ??Vais a ayudar?? de la ?poca de Gierek. El 1 de mayo de 1971, los trabajadores de los astilleros llevaron durante el desfile una pancarta en recuerdo de los ca?dos, pero despu?s comenz?? la preocupaci??n de todos por conseguir chorizo (que no llegaba por razones de abastecimiento). Los a??os 70 quedaron en mi recuerdo como el triunfo de la estabilidad relativa: se pod?a comprar un peque??o coche, esperar el deseado apartamento de tres habitaciones en un bloque, ir de vacaciones a Bulgaria, hacer las compras en la Rep??blica Democr??tica Alemana o traer oro de Rusia. Acudir a los comicios y a los desfiles del uno de mayo (porque si no, no te dan el pasaporte; porque si no, se llevan el tal??n para la lavadora; porque si no, nada de cuenta de ahorro vivienda para nuestra hija). Para qu? salirse de la norma? Los grupos de oposici??n democr??tica eran vistos en general con l??stima y con un poco de superioridad por ser poco pr??cticos.
El 16 de diciembre de 1977 el grupo pr??ximo a Bogdan Borusewicz, los estudiantes del grupo de evangelizaci??n del padre Ludwik Wi??niewski, decidieron hacer volver a la memoria colectiva a las v?ctimas de diciembre. Llegaron a la puerta de los Astilleros de Gda??sk a las 14.45 para que los obreros del cambio de turno se unieran a ellos. Arkadiusz Rybicki, del Movimento de la Joven Polonia, recuerda su ??terrible decepci??n? de entonces: - Colocamos flores. De la puerta del astillero sal?a un r?o de trabajadores y ninguno de ellos se detuvo si quiera. Todos volv?an la cabeza hacia otro lado por miedo. Yo pens? ??pero si es en honor a ellos?. Nosotros, los estudiantes recordamos, y ellos no? Perd? la fe entonces en que conseguir?amos alguna vez despertar el recuerdo de diciembre del 70. Pero result?? que ellos recordaban a su manera. Y cuando lleg?? el momento, superaron su miedo.
Si escribo sobre el milagro de agosto de 1980 es porque la protesta fundamentalmente social de subida de los salarios y de devolver su puesto de trabajo a Anna Walentynowicz fue la chispa que hizo saltar la dinamita. Y poco falt?? para que no saliera bien, puesto que la huelga de agosto termin?? una vez que la direcci??n de los Astilleros accedi?? a las exigencias de car??cter social; pero en los Astilleros, en un arranque de solidaridad con otros huelguistas, permanecieron varios cientos de personas.
La reacci??n en cadena se produjo cuando la gente vio que ?ramos muchos y que el poder no era capaz de cerrarnos a todos la boca. Fue durante la primera visita del Papa polaco a su tierra cuando los ojos de la naci??n se abrieron al hecho de que ?ramos muchos y de que los dem??s constitu?an una aplastante minor?a. Cuando en la varsoviana plaza de la Victoria (Zwyci?stwa) Juan Pablo II dijo: ??Que Tu Esp?ritu descienda y renueve el rostro de la tierra. De esta tierra?. Y as? fue.
Y tambi?n Lech Wa???sa, un obrero hijo de un campesino de la zona de Lipno, que con su sola presencia, de pie junto a la puerta de los astilleros, arrebat?? al parecer la legitimidad para gobernar al poder comunista. Wa???sa ampli?? con buen juicio el cimiento social de la protesta. Hizo permanecer en los astilleros a Tadeusz Mazowiecki y Bronis??aw Geremek, los representantes de los intelectuales llegados de Varsovia, y los convirti?? en expertos. Se opuso a la conservadora idea de reforma de los sindicatos oficiales, pero tambi?n se abstuvo de aceptar la exigencia n??mero 22, que se hac?a referencia a las elecciones libres. Busc?? el acuerdo entre las partes, pero no a cualquier precio, y lleg?? a arriesgar los acuerdos alcanzados por recordar a los activistas arrestados del Comit? de Defensa de los Trabajadores y de otras agrupaciones de la oposici??n. Siempre lo recordar? haciendo p??blico el 31 de agosto de hace 29 a??os, desde la segunda puerta de los astilleros: ??Tenemos un sindicato independiente y aut??nomo?, y firmando el hist??rico acuerdo con un bol?grafo que asustaba de lo grande y hortera que era.
A la pregunta de por qu? no entr?? a formar parte de ??Solidarno????, Aleksander Kwa??niewski respondi?? en cierta ocasi??n que no quiso entregarse al gregarismo. Durante muchos a??os consider? esta opini??n como ofensiva. Pero en realidad, no hay en ella algo de cierto? D??nde estuvieron esos 10 millones de socios declarados de ??Solidarno???? durante los largos a??os de la ley marcial? Sobre este tema ha escrito Stefan Chwin con amargura en las p??ginas de ??Gazeta Wyborcza?. ?Qu? pocos de nosotros est??bamos en contra! ?Con qu? facilidad nos entregamos a las normas de la ley marcial!
??La orgullosa resistencia de la naci??n polaca? se expres?? cuando se encendieron velas en las ventanas mientras se escuchaba la emisora Radio Europa Libre, o como mucho contando un chiste antisistema en compa???a de personas de tendencia pol?tica bien conocida. Los grupos marcadamente de oposici??n, las estructuras sindicales, los escritos clandestinos, supon?an un gran avance respecto a los a??os 70, pero no implicaban m??s que unas cuantas decenas de miles de personas dedicadas activamente a la impresi??n o a la distribuci??n. Es la misma cantidad que los habitantes de poblaciones como Gi??ycko, o tal vez como Kalisz. Para un pa?s de 40 millones no es tanto.
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Por fin la Mesa Redonda y la recordada fecha del 4 de junio de 1989, cuando sin verter sangre, s??lo con la ayuda de votos de papel, fue posible devolverle la libertad al pa?s. Una coyuntura hist??rica excepcional permiti?? que ??la orgullosa resistencia de la naci??n polaca? pudiera expresarse para dar su voto a ??Solidarno???? en un caluroso d?a de junio. A las urnas acudi?? apenas un 62% de los polacos, pero no todos votaron a ??Solidarno????. La gente prefiri?? ir de picnic o a pescar porque sent?an que no la cosa no iba con ellos. Pero los que estaban a favor de los comunistas s? fueron a votar. La frecuencia de voto en los a??os 70 lleg?? a alcanzar hasta el 96% y no fue falseada para nada. Tras la ley marcial, a las urnas acudieron menos polacos, pero aun as? la masa carente de voluntad particip?? m??s en la farsa electoral que en las elecciones del 4 de junio, cuando estaba en juego el futuro del pa?s.
Peor todav?a fue cuando se trat?? de nuestra pertenencia a la familia de naciones libres, miembros de la Uni??n Europea. La tasa del refer?ndum de acceso iba acompa??ada de la mejor coyuntura hist??rica de Polonia de los ??ltimos 300 a??os. Recordemos que la batalla se libraba no entre los que estaban a favor y los que estaban en contra de la adhesi??n, sino entre los que fueron a votar y a los que les daba igual. S??lo gracias a una intensa campa??a y la ampliaci??n de la votaci??n a dos d?as nuestra heroica naci??n libr?? una victoriosa batalla con su propia pereza y super?? el umbral del 50 por ciento de los votos necesarios para que el refer?ndum tuviera validez, y por apenas un 9 por ciento.
Todo lo que se pueda decir de la ??orgullosa resistencia de la naci??n polaca? (en comparaci??n con otras naciones como por ejemplo los alemanes, los checos o los rusos) es que tenemos una gran tendencia a la rebeli??n y a la insubordinaci??n frente el poder impuesto. Sin embargo, no debemos alimentarnos de mitos - como que toda la naci??n estaba en el Ej?rcito Nacional, o que salv?? a los jud?os, que se puso en huelga o que formaba parte de la lucha clandestina contra el comunismo - para tener derecho al orgullo de la historia de este medio siglo.
El texto es uno de los cuatro ensayos inspirados en el 70? aniversario de la Segunda Guerra Mundial y en el 20? aniversario de la obtenci??n de la libertad por Polonia y de la ca?da del comunismo que van a acompa??ar la edici??n conmemorativa de la III Sinfon?a de M. H. G??recki, publicada en formato Blu-ray por el Centro Nacional de Cultura.

